Un momento de quietud donde la luz, la memoria y la naturaleza se encuentran.
La luz a principios de la primavera tiene una cualidad particular que no se parece a la de ninguna otra época del año. Es tentativa y clara al mismo tiempo, llega en un ángulo bajo que capta los bordes de las cosas y hace que el mundo parezca brevemente nuevo. Esta pintura surgió de esa sensación, de estar de pie afuera en una mañana en la que la estación acababa de cambiar y todo se sentía posible de nuevo. La primavera siempre me ha parecido un comienzo, y esta pieza intenta mantener esa sensación.



