Jeff Dillon painting in progress showing the movement and layered decisions that build a fine art landscape

El arte en movimiento

Un vistazo a cómo el movimiento, las decisiones y el tiempo se unen para construir una pintura de principio a fin. Pintar no es un acto estático. Cada marca es una decisión tomada en movimiento, una respuesta a lo que vino antes y una anticipación de lo que viene después. A menudo pienso en una pintura como algo que se construye en lugar de planificarse, donde el proceso mismo da forma al resultado. Las pinturas que se sienten más vivas son aquellas en las que permanecí presente en cada etapa, dispuesto a cambiar de dirección cuando el trabajo lo requería. Esa capacidad de respuesta es lo que le da energía a una pieza terminada.

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Una cosa que siempre he notado sobre la naturaleza es que nada se mantiene quieto por mucho tiempo. Los árboles se mueven con el viento. La luz se desliza sobre la roca. El agua se remodela cada segundo. Ya sea que esté parado en la orilla o caminando por el bosque, mi ojo sigue moviéndose. Ese movimiento constante es algo a lo que presto atención, y es lo que trato de llevar a mis pinturas.

#291 – “Lazo Eterno”, 24” x 24″, Pintura original de Jeff Dillon

En el estudio, construyo cada composición para que la vista siga viajando. Las formas se interconectan. Los bordes se curvan. El color se mueve por el lienzo de una manera que imita cómo se desarrollan las cosas en la naturaleza. Paso tiempo ajustando la disposición hasta que hay un ritmo. Algo que se siente equilibrado pero vivo. No se trata de crear una escena perfecta. Se trata de crear fluidez. Ese es el punto en el que la pintura empieza a cobrar vida propia. Una vez que lo percibo, encuentro mi enfoque y sigo con más claridad. El ruido se desvanece. Pinto en silencio durante horas, días o semanas, a veces sin darme cuenta de cuánto tiempo ha pasado.

No pinto a partir de recuerdos específicos. Lo que busco es el tipo de concentración que obtengo cuando estoy afuera y totalmente presente. Es esa calma conciencia que sientes cuando reduces la velocidad y comienzas a notar cómo todo encaja. Esa conexión, la forma en que la luz, la tierra y el movimiento se relacionan, es lo que trato de llevar a mi trabajo. Se trata menos del tema y más de la energía que se mueve entre las partes.

La mayoría de las pinturas llegan a una etapa en la que nada parece funcionar. Las formas se sienten mal, los colores compiten en lugar de complementarse, y todo empieza a sentirse inestable. Sigo ajustando las líneas, cambiando el equilibrio y superponiendo hasta que la composición empieza a tomar forma. Ese tramo intermedio es siempre el más incierto. Es donde se cuela la duda, y puede ser frustrante. Pero he aprendido a no detenerme ahí. Termino cada pieza que empiezo, incluso cuando no estoy seguro de hacia dónde va. En casi todos los casos, esa sensación de finalización no aparece hasta el final. Es entonces cuando finalmente puedo ver hacia dónde se dirigía la pintura todo el tiempo.

#279 – “Resistiendo las tormentas de la vida”, 20″ x 40″, Pintura original de Jeff Dillon

Cuando empecé a pintar, usaba líneas negras para definirlo todo. Eso me ayudó a entender la estructura y el espacio. Era una forma de descomponer las cosas y reconstruirlas. Con el tiempo, eso cambió. Ahora el delineado se mezcla con la pintura o retrocede por completo, dependiendo de lo que necesite la pieza. A veces las líneas son fuertes y deliberadas. Otras veces, desaparecen por completo, reemplazadas por cambios de tono o textura. Dejo que la pintura guíe esa decisión.

Desde que me dedico a tiempo completo a la pintura, hace tres años, he tenido el espacio para abordar un trabajo más complejo y reflexivo. El ritmo no ha aumentado, pero la profundidad sí. Estoy trabajando en lienzos más grandes, construyendo composiciones más complejas y dedicando más tiempo a desarrollar cada idea. Ese tiempo en el estudio ha moldeado la forma en que ha evolucionado mi estilo. No se trata de producir más, sino de abordar cada pieza con más enfoque e intención. Dejo que el trabajo se desarrolle a su propio ritmo, y ese espacio ha hecho que las pinturas sean más fuertes.

Cuando la gente se para frente a mi trabajo, espero que sientan la misma concentración tranquila que yo obtengo de estar en la naturaleza. Quiero que perciban el movimiento, la conexión entre todos los elementos. No son solo árboles, rocas y cielos. Es cómo se relacionan todos, cómo se inclinan unos hacia otros y se mueven como uno solo. Esa es la parte que más me importa. Cuando un espectador me dice que siente como si hubiera estado allí, incluso si no lo ha hecho, sé que la pintura ha cumplido su propósito.

No hay un camino fijo cuando pinto. Lo que comienza como una idea clara puede cambiar a mitad de camino. Algunas decisiones se sienten correctas de inmediato. Otras toman tiempo. Reelaboraré una sección una y otra vez hasta que encaje correctamente dentro de la composición. Ese ir y venir es parte de ello. El trabajo cambia a medida que avanzo, y me ajusto a él. He aprendido a no esperar que se desarrolle en línea recta.

#196 – “Enraizado”, 30″ x 60″, Pintura original de Jeff Dillon

Cada pintura trae consigo su propio conjunto de problemas a resolver. ¿Cómo se conectan las formas? ¿Funciona el movimiento? ¿Mantiene la energía a través del lienzo? Estas son las preguntas que me hago, a menudo en lo profundo del proceso. Terminar una pieza no significa que todo esté bien atado. Solo significa que la he llevado tan lejos como ha podido llegar.

Ese proceso de descubrir las cosas, dar forma al trabajo, responder a él y ver a dónde conduce es lo que mantiene el trabajo interesante. No pinto para repetir algo que ya he hecho. Pinto para descubrir lo que es posible dentro de cada nueva composición.

~Jeff